27/09/09

La Fura dels Baus: otro escenario


¿Qué representa La Fura a treinta años de su nacimiento? Sin duda, el brazo escénico de la transición española, ejemplo de la evolución cultural de la Península: de las sencillas aspiraciones de cambio político y social al ideal europeizante: la modernización creativa como motor de cambio.

Un grupo artístico alternativo, cuya propuesta estética desde mitad de los ochenta hasta principios de los noventa consistía en intervenir espacios públicos; naves industriales, parques, calles, estadios, entre otros, además de tratamientos teatrales o parateatrales más o menos convencionales, siempre con la premisa de complejizar el concepto de autoría y participación a favor de un entramado artístico colectivo, donde el actor y los “figurantes” compartieran desafíos pulverizando así la noción canónica y jerárquica de las artes dramáticas; su ascenso, coronado con la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 devino en mutación superempresarial, en acceso inmediato al top ten de las costosísimas producciones multidisciplinarias del mundo. Asumir definitivamente que medio se sobrepone a mensaje, es decir, trabajar a partir de la propia confusión.

El grupo, afincado en la zona con mayor talento de la Península –Catalunya– evolucionó rápidamente, igual que la sociedad y la economía española, de la devastación creativa impuesta en el franquismo hasta la competencia capitalista: La Fura rompió con la amargura y el tradicionalismo que el país padeció durante la represión dictatorial, renovó lenguajes, abrió la puerta a nuevos públicos, escandalizó –aún lo hace– a mujeres reaccionarias y padres de familia comprometidos, pero su discurso pasó de la innovación escénica al show, de la catarsis al mercado como único destino, del teatro al mero entretenimiento.

Su tránsito, sin embargo, está lleno de luces, hallazgos y sorpresas para el público, además de una noción convertida en asignatura para otros grupos escénicos: en Hispanoamérica podemos hacer las cosas generosamente, con grandilocuencia y despliegue técnico, además de buen gusto.

Aunque La Fura extravió en la diversidad (podemos hacer todo, desde ópera digital hasta publicidad para multinacionales) algunos de sus compromisos estéticos. Es decir, le sucedió lo mismo que a la clase política española de izquierda, se abrió al mundo con ideales libertarios para someterse al yugo burgués de sus propios alcances; nacer hippies neoliberales.


Publicado en la Revista La Tempestad. 2009.