¿Qué hace falta para convencer a los políticos y buena parte de la ciudadanía para mejorar y aumentar los incentivos económicos a la cultura y las artes?
¿Por qué debemos pagar con nuestros impuestos la investigación que permite los avances científicos y tecnológicos? Un científico seguramente nos escupiría una carcajada. Los gobiernos tienen la obligación de incentivar la investigación (en universidades públicas, por ejemplo, como sucede habitualmente), de lo contrario, dejar que se privatice por completo significaría la desaparición del conocimiento científico y el nacimiento de la oligociencia. Regocijo de multimillonarios y políticos de todos los signos: empresas dedicadas a mitigar sus enfermedades (yo soy yo y mi esperanza de vida) y diseñar más cómodos medios de transporte sólo para ellos, únicos consumidores posibles.
Publicado en Replicante, columna: Purodrama.
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